martes, 1 de octubre de 2013

IRON MAIDEN - Estadio Monumental 27.09.13

Sabemos que la venida de Iron Maiden a la Argentina se transformó en una (muy) sana costumbre. También sabemos que el marco de un River no es un dato menor para transformar un recital en una noche en mágica y para el recuerdo.

Los amantes de Maiden nos debíamos un Monumental con la Doncella, aunque un solo aspecto perturbaba un poco los ánimos: el fiasco que fue para el fan argentino el amague con el DVD que posteriormente salió como En Vivo (en Santiago), podría haberse traducido en una mermada concurrencia al show. Pero para adelantar el cuentito sabemos que sucedió casi lo contrario. Se ve que a Maiden le perdonamos cualquier cosa.

Pude llegar cuando Lovorne estaba a unas canciones de finalizar su set. El vástago del Carpo dijo presente con su banda y su rock riffero característico, con un invitado de lujo: Juan “Locomotora” Espósito, legendario baterista de El Reloj. Con una performance un tanto desajustada, cerraron con un inevitable e ineludible homenaje a Pappo de la mano de “Sucio y Desprolijo”, tema que encendió los cánticos de la tribuna: “Pappo no murió”.

Tras el cambio de backline llegó el turno del primer acto internacional. Los suecos Ghost B. C.  irrumpieron luego de una intro gótico-gregoriana ante la sorpresa de los desprevenidos y el júbilo de quienes los esperábamos. Mezclaron canciones de sus dos únicas obras, Opus Eponymous (2010) y Infestissumam (2013), arrancando de manera idéntica al último álbum. Desde la Platea Alta puedo afirmar que el sonido fue pésimo, ya que no se pudieron apreciar con claridad los climas ni las diferentes texturas de la propuesta de la banda.

Me jugó a favor conocer su música para intentar al menos disfrutar de Papa Emeritus II y sus Nameless Ghouls. Y acá hago una pausa para explicar que si hay un rasgo que caracteriza a Ghost es el anonimato de sus miembros, ya que han decidido no revelar públicamente sus nombres. De esta manera, al cantante se lo conoce bajo el nombre de Papa Emeritus II, mientras que a los cinco músicos que lo acompañan se los conoce como los "Nameless Ghouls".

La banda contó con una buena respuesta por parte de la audiencia, y si bien su paso por Buenos Aires nos dejó con gusto a poco, ojalá podamos volver a verlos pronto brindando un show, a nivel sonoro, un poco más acorde.

Pasadas las 20.30 el recinto se acomodó para que seamos ofrecidos en sacrificio. Slayer nuevamente formó parte de la grilla en un show que tenía a Maiden como headliners (recuerdo que la vez anterior fue durante el marco de la gira de Virtual XI). Tristemente, con el fallecimiento de Jeff Hanneman y con la incorporación de Gary Holt de Exodus (a mi entender la mejor elección) como reemplazante (¿definitivo?), veríamos a un Slayer sin dos de sus miembros fundadores. La otra baja sería la de Dave Lombardo, alejado por temas meramente económicos del seno de la banda cuyo mito indudablemente ayudó a construir. Paul Bostaph es el reemplazante preferido y es la segunda vez que nos visita con Araya y los suyos.

Debo confesar que esta vez extrañé a Lombardo, y mucho. Allá cuando vinieron por 1994 por primera vez también en el Monumental, Bostaph llenó con creces los zapatos del cubano. Pero en esta oportunidad su desempeño, para lo que nos tiene acostumbrados, fue un tanto deslucido. De todas formas con esta salvedad, nos pasaron arriba como un Panzer con infantería y todo. Hicieron un setlist colmado de clásicos; algunos de ellos fueron “Seasons in the Abyss” (el cual fue interrumpido al inicio por problemas técnicos), “South of Heaven” y “Raining Blood”.

Para el cierre con “Angel of Death” no faltaron imágenes emotivas de Hanneman, telón de fondo con su nombre (imitando el logo de Heineken) y ganas de vernos, público y banda, nuevamente.

Bastante pasados de las 21 (esta vez la puntualidad británica quedó en el debe), sufrimos un viaje en el tiempo a 1988. Nos metimos en un show que deseábamos haber vivido cuando lo veíamos en aquél gastado VHS copiado de un amigo en el histórico Maiden England.

Intro de UFO, luces fuera y Iron Maiden desgranando “Moonchild” para volarnos las pelucas y encendernos los corazones. Pero un imprevisto nos jugó una mala pasada: la valla lateral derecha colapsó y Bruce Dickinson dejó de cantar para pedirle a la gente que retrocediera dos pasos. La banda finalizó con la canción y comenzó un episodio inédito.

Por aproximadamente 30 minutos se esperó que el personal reparara la valla para poder continuar con el show. Entretanto, el FRONTMAN (sí, con mayúsculas) podría haberse retirado del escenario a su camarín, pero optó por remar la situación como nadie, con bromas, tocando la batería, presentando a Nicko Mc Brain que hizo lo propio tras el kit y tocando con los cachetes la obertura William Tell para deleite de todos los que pudimos disfrutar del bizarro/inédito momento. Por suerte nada hubo que lamentar y zanjeado el inconveniente se pudo continuar con un show que costó levantar en las primeras canciones: “Can I Play With Madness”, “The Prisoner” y “2 Minutes to Midnight”.

Es probable que los incidentes hayan minado la salud vocal de Bruce, quien tuvo que ajustar ciertos fraseos de algunos temas. Inclusive la banda dejó entrever pequeños desajustes que, obviamente, los fans perdonamos porque la profesionalidad de estos músicos, su grandeza indiscutible y el arsenal de himnos ejecutados, hicieron que el show arribara a buen puerto.

Si bien evité leer el playlist, había canciones que daba por sentado no podían faltar, como “The Trooper”, “Running Free” y “The Number of the Beast”. Debo confesar que fui gratamente sorprendido por la inclusión de “Phantom of the Opera”, con un interesante juego de pirotecnia, aunque me llamó la atención la ausencia de “Hallowed be Thy Name”.  De todas maneras, la Doncella de Hierro dio el show que prometió dar, como expresamente lo dijo Bruce, sin quitar ninguna canción de las que habían planificado, a pesar de lo sucedido.

En pocas palabras, Iron Maiden cumplió, nos dejó anécdotas, mucha música y las ganas de esperarlos como todas las veces que el Ed Force One aterriza en suelo argentino.  

Por Guillermo Bertinat

No hay comentarios:

Publicar un comentario